Un día en el colegio, Sor Ester nos mandó copiar en el cuaderno una
memez de esas que se pueden leer en las pizarras de los parvularios. Después, inició uno de sus temibles vuelos de reconocimiento en el que, fatalmente, revoloteó mi espacio aéreo. Esa monja me daba miedo. Me clavó los ojos. Pánico me daba aquella monja. Encendió su rostro. Me
cagué...
¡NO, EL LÁPIZ NO SE COGE ASÍ! espachurró mis dedos contra
la madera del díscolo objeto en lo que debió ser (supongo) una maniobra de corrección y adiestramiento. Luego se fue dos pupitres
más allá a continuar su labor pedagógica y sacudió un tremendo capón a su incauto inquilino,
empeñado éste, para su desgracia, en comerse la goma de borrar.
Quedé atento al latido de mis dedos. No supe, ni
comprendí; pero, tal vez en ese instante (junto con otros parecidos) empecé a metabolizar que los negocios concernientes al manejo de lápices eran asunto de mi única y absoluta competencia (o incompetencia).
Yo no sabía (¿cómo iba a saber?) qué la vida me regalaba una neuropatía motora distal hereditaria. De lo que sí me percaté pronto es que mis
manos no podían propinar los tremendos pellizcos con los que me
obsequiaba la Sor. Mis manos no cogían cosas como las suyas, o las
tuyas, o las de nadie... Por ninguna parte habían manos como las mías;
en ningún lugar pude ver como tenía que hacer para coger el puto lápiz.
Curiosamente, con el tiempo, comencé a disfrutar, en esta y en otras
materias, de la satisfacción del que es pionero en territorios nunca antes explorados, que descubre no sólo que puede sobrevivir si no que además, cuando las
circunstancias lo permiten, es capaz de gozar plenamente de lo que está haciendo.
Así que ya desde entonces ando a trancas y barrancas, experimentando con lápices.
Y es posible que se me haya ido un poco la mano en el empeño, o puede que no
haya hecho más que divagar, no sé.
El caso es que, con mayor o menor
consciencia, ésta siempre ha sido una de mis principales y, si quieres,
paradójicas dedicaciones. Y todo cuanto vino después tuvo y aun tiene mucho que ver con esta cuestión.